Semblara

Cómo elegir un curso de fotografía de retrato online para mejorar

Un curso de fotografía de retrato online no es lo mismo que una carpeta llena de vídeos gratis de YouTube, aunque las dos cosas le prometan lo mismo a cualquier principiante: que vas a mejorar tu retrato casero sin gastar en equipo nuevo. La diferencia real está en la técnica fotográfica que te queda cuando el curso se acaba. Uno te obliga a entender por qué falló una foto, el otro solo te presta un botón para apretar y ya. Si me preguntas por dónde empezar, la respuesta que doy siempre es la misma: no busques el curso más barato ni el más caro, busca el que te enseñe a leer la luz que tienes al frente, no la que quisieras tener.

Yessica, una lectora que me escribe seguido por acá, es de las que se queda pegada mirando cómo les quedó la foto a otras personas antes de preocuparse por la suya propia, y hace poco me preguntó cómo elegí yo el primer curso que pagué por Hotmart sin quemar la plata en publicidad bonita. Le conté lo que le cuento a cualquiera que pregunte lo mismo: antes de pagar nada, pasé un buen rato con la Canon en modo automático, confiando en que la máquina sabía sola cómo encuadrar a mi tía en el corredor de su casa. Lo único que saqué de ahí fueron fotos técnicamente correctas y completamente planas, sin nada que se le pareciera a un retrato de verdad.

Un curso online no es lo mismo que un canal de YouTube gratis

El problema de aprender solo con tutoriales sueltos es que cada video resuelve un pedacito distinto y nunca amarra nada: sabes qué es el sensor de tu cámara, por ejemplo, sin entender qué hace ese pedazo de silicio por tu foto. El mío es más chico que uno full frame, y ese solo dato ya cambia cuánto se desenfoca el fondo detrás de una persona — algo que aprendí a controlar cuando dejé de coleccionar tips sueltos y me metí en un curso completo. Un canal de YouTube no te va a sentar a corregir eso paso por paso; un curso, si es bueno, sí.

Hay una tarde que recuerdo clara: el corredor se llenaba de una luz que entraba de lado, rasante, sacándole cada textura a la cal de la pared sin necesidad de un solo flash — y ahí entendí, sin que nadie me lo explicara con diagramas, que leer la luz de un espacio no es lo mismo que memorizar una regla de manual. Ese tipo de momento no te lo regala un tutorial de diez minutos; te lo da la práctica sostenida que un curso estructurado te exige, no la que arma una misma según el ánimo del día.

Cuaderno con apuntes de un curso de fotografía de retrato, comparando especificaciones de sensor y bocetos de encuadre

¿Qué debe enseñarte un curso de retrato para principiantes?

Uno bueno te enseña a sacarle partido a lo que ya tienes, no a desear el estudio que no tienes. Sigo grabando y probando módulos en el mismo corredor de siempre: la baldosa blanca tiene una grieta a la mitad que en las tardes agarra la luz como si fuera un reflector de fábrica, hay dos mecedoras verdes de madera —ella siempre reclama la que mira hacia la calle— y la pared de bahareque encalado del fondo no tiene ventana propia, así que todo lo que entra, entra por el hueco que da al patio. Ahí fue donde entendí que comprar una cámara usada —la Canon que me vendió mi primo cuando se fue— no era el obstáculo que yo pensaba: el obstáculo real eran los errores que cometía sin darme cuenta, como sentar a alguien justo debajo del punto donde la luz del corredor se parte en dos y le deja medio rostro comido por la sombra.

Ese tipo de error nadie te lo señala si solo posas modelos que ya saben qué hacer con el cuerpo — un curso de verdad te enseña a dirigir a alguien que nunca ha posado en su vida, que es exactamente lo que te vas a encontrar si tu modelo es tu tía o la vecina de siempre. Ahí también entra la distancia focal como algo más que un número en la caja del lente: es lo que decide si la cara de esa persona se ve como es o se deforma en los bordes del encuadre. Si el equipo que tienes ya está entrando en años, hace un tiempo reuní en otra entrada algunos trucos prácticos para lograr fotos de retrato nítidas con cámaras viejas que me han sacado de apuros más de una vez cuando el enfoque automático empieza a fallar.

Lente de 50mm en una cámara réflex usada, la herramienta que un curso de retrato casero para principiantes enseña a aprovechar

Señales de que el profesor resuelve problemas reales, no solo posa bonito

Desconfía de cualquiera que te prometa resultados profesionales en tres días o que regale un preset para tapar una foto mal iluminada — eso no es enseñar, es maquillar el problema. Un profesor que sirve es el que se toma el trabajo de explicarte por qué una sombra debajo de la nariz le quita fuerza a un retrato, en vez de simplemente decirte que muevas la luz sin decirte para dónde ni por qué. Esa exigencia se nota incluso fuera del corredor: entre semana, respondiendo mensajes para la pyme donde trabajo, Bisney —mi compañera de turno, que no sabe nada de cámaras pero es intransigente con que cada foto de producto respete los colores de la marca— me hizo notar que una tanda de fotos se veía descuadrada de tono, y fue ella, sin querer, quien me hizo caer en cuenta de que corregir eso a ojo era justo lo que un buen módulo me había enseñado a hacer, no algo que resolviera un filtro con un clic.

Con mi tía esa exigencia importa todavía más, porque no hay poses de agencia que valgan si el gesto no es el de ella. Hace un tiempo junté algunas ideas sobre cómo capturar la esencia de personas mayores en retratos de familia, y casi todos esos aciertos salieron de un profesor que insistía en corregir el gesto, no solo el encuadre.

Pantalla de cámara con un retrato de piel natural, resultado de aplicar la técnica fotográfica de un curso de retrato online

Revisa esto antes de pagar por técnica fotográfica que no vas a usar

En el Caribe el calor y la humedad no son un detalle de fondo: te empapan la camisa a media sesión y hacen que la luz cambie de temperatura más rápido de lo que un curso grabado en un estudio con aire acondicionado suele contar. Por eso reviso que el programa no dé por sentado un presupuesto de estudio profesional; a veces lo único que tienes es un reflector armado en casa, y hay cursos enteros dedicados solo a sacarle jugo a eso. Fíjate también en si te explican el trío de exposición como una decisión y no como una tabla para memorizar, si mencionan los esquemas de luz clásicos —el tipo mariposa, el lateral— lo suficiente para que sepas que existen, y si dedican tiempo real a la composición del encuadre: antes de pagar el primer curso, probé si lograba distinguir un buen encuadre sin cámara en mano, caminando una tarde por la Plaza San Nicolás, en el Centro Histórico de Barranquilla, jugando a enmarcar con las manos a la gente que pasaba. Un curso bien armado también te muestra qué tan largo es el camino de no saber nada a defenderte sola, sin prometerte que va a pasar de un día para otro.

Reflector casero usado para suavizar sombras en un retrato de principiante, técnica clave de cualquier curso de retrato casero

Lo que ningún curso te resuelve por ti

Ningún curso, por bueno que sea, va a sentarse por ti en el corredor a esperar a que tu tía se olvide de la cámara — eso te toca a ti, con paciencia y sin apurar el clic. Hay una combinación de olores que todavía asocio con esas tardes de práctica: la madera curtida de la mecedora y el dulzor que suelta el agua de panela cuando se va enfriando en el vaso, ya sin hielo, junto a mí.

El curso te da el vocabulario y el criterio para reconocer cuándo la luz está lista; el resto —sentarte, aguantar el calor, insistirle a alguien que se quede quieta un segundo más— sigue siendo trabajo tuyo. Si tuviera que resumir en una sola frase lo que le respondo a Yessica y a cualquiera que me escriba con la misma duda, sería esta: elige el curso que te enseñe a resolver el problema que tienes enfrente, no el que te venda la ilusión de un problema que nunca vas a tener.

Me quedó la costumbre de anotar la hora exacta en que se sube cada lección nueva, aunque ya no sea por el algoritmo — es solo que cada minuto que le meto a entender la técnica me deja un poco más cerca del retrato que todavía no logro, pero que ya empiezo a distinguir con claridad.

Artículos relacionados