Semblara

Cómo usar la sombra para crear retratos con mucho sentimiento e intriga

3200. Ese fue el ISO al que subí la Canon aquel sábado, convencida de que así iba a rescatar cada rincón oscuro que le caía encima a la cara de mi tía. Lo único que rescaté fue grano, muchísimo grano, en toda la tanda de esa tarde. Ahí arrancó, sin que yo lo supiera todavía, una pelea de meses con la sombra: aprender a usarla para que un retrato tenga sentimiento e intriga, en vez de tratarla como un error de exposición que hay que corregir a cualquier costo.

Entre semana trabajo de community manager para una pyme de productos artesanales, respondiendo mensajes y armando publicaciones; los sábados es otra cosa. Paso por el Mercado de Bazurto a comprar algo de fruta para mi tía, y de ahí camino derecho a su corredor en Barrio Abajo a practicar técnica fotográfica de retrato con luz natural, casi siempre con ella como la única que acepta sentarse frente a la cámara sin preguntar nada.

Dejar que la sombra se quede donde cae

Antes de esa tarde, cualquier sombra rara la corregía subiendo el ISO o metiéndole más luz de la que hacía falta. Después de ver la tanda arruinada por el grano, dejé de tratar la sombra como un problema por resolver. La cámara, una réflex que me vendió mi primo cuando se mudó, ya con sus años encima, tiene más rango del que yo le estaba dando crédito, y forzarla de esa manera solo le quitaba textura a la piel en vez de dársela.

Pantalla de una cámara Canon mostrando un retrato con sombras profundas, técnica de sombras creativas en fotografía de retrato

El corredor de mi tía no tiene ventana propia; la luz entra solo por el vano que da al patio, y a media tarde el calor se siente pegajoso contra la piel mientras cae distinto sobre la baldosa blanca partida a la mitad, justo frente a las mecedoras. Ella siempre ocupa la que mira hacia la calle, la de siempre, y aprender a leer por dónde iba a entrar esa luz antes de sacar la cámara es algo que expliqué con más calma en cómo hacer mejores retratos con luz de ventana en interiores pequeños, porque un corredor angosto sin ventana grande se comporta casi igual.

Hay un patrón de luz que en los videos llaman Rembrandt; no me voy a meter en la geometría exacta porque eso ya lo cubrí bastante en otro texto. Pero si algo aprendí fue a encuadrar cerca, dejando que el fondo del patio se pierda, para que toda la atención caiga en la cara. Yolima, la vecina del bloque de al lado, fue la segunda persona que se sentó ahí a posar, y conoce la hora exacta en que la luz cambia en ese corredor mejor que yo misma; me avisa cuando quedan diez minutos buenos.

Dirigir a alguien que nunca ha posado para una cámara

Aidé, la vecina de mi tía, ya se ha sentado tres veces en esa mecedora y nunca pregunta cuánto va a durar la sesión; se acomoda y espera, sin más. Dirigir a alguien que nunca ha posado es otro tema que ya toqué en su momento, aunque con Aidé el reto no es la pose sino el color: le encanta la ropa de tonos vivos, y esos tonos le meten un lío tremendo al balance de blancos de la Canon. La última vez que posó, paré a la mitad un módulo de Hotmart sobre ese mismo tema para probar un ajuste manual ahí mismo, y para el jueves ya ni me acordaba qué botón había tocado. Con mi tía es distinto, no necesita instrucciones raras, solo le pido que no sonría, que me mire un momentico nomás, y ahí se le empieza a aflojar la mandíbula.

Detalle del patrón de luz Rembrandt en un rostro en penumbra, sombras creativas en fotografía de retrato

En la fotografía de retrato, la sombra no es un error que hay que corregir

Después de esa tanda arruinada por el ISO, empecé a subexponer a propósito, uno o dos pasos por debajo de lo que marca el fotómetro, dejando que la luz solo toque el brillo del ojo o el borde de un hombro. No voy a entrar en el triángulo de exposición completo porque ya hay un texto mío dedicado a eso; aquí lo que importa es la decisión, no la fórmula. Con el diafragma bien abierto, el fondo del patio se deshace en un borrón de color, y eso ayuda a que el ojo no tenga a dónde más ir que a la cara medio a oscuras. Casi siempre uso el mismo lente de 50mm, que en esta cámara de sensor recortado se siente más cerrado, más pegado a la cara; de la relación exacta entre distancia focal y sensor ya hablé en otra entrada.

La sábana vieja y otros trucos con lo que hay en el corredor

Cuando el sol pega muy fuerte, cuelgo una sábana vieja de mi tía con ganchos de ropa para suavizar el golpe de luz, mi versión casera de un difusor que amortigua el salto entre lo iluminado y la sombra. De esos trucos con lo que hay a la mano hice una lista más completa en trucos de creatividad en fotografía de retrato usando elementos del mismo corredor, y los errores más comunes que cometí fotografiando en este mismo pasillo ya los conté en otro lado, así que no me voy a repetir aquí.

Sábana blanca usada como difusor casero de luz natural en el corredor de Barrio Abajo

La Canon ya tiene sus años, y para que quede nítida en poca luz hay reglas básicas de cámaras viejas que expliqué a fondo en trucos prácticos para lograr fotos de retrato nítidas con cámaras viejas. De lo que aprendí en esta curva de principiante, entre estos sábados y este mismo corredor, ya hablaré otro día con más calma.

Para la semana ocho ya no le tenía miedo a la oscuridad

Para la semana ocho de estar viniendo los sábados con esta idea metida en la cabeza, ya no intentaba iluminar cada rincón del corredor. Dejaba que buena parte de la cara de mi tía se quedara oscura a propósito, y esperaba. En la tercera foto de una tanda de uno de esos sábados, sin que yo dijera una palabra, ella ladeó la cabeza sola, mirando hacia el patio, y en la sombra que le cubrió media cara apareció algo que todavía no sé cómo nombrar bien; no era pose, no era cansancio, era otra cosa. Ese cuadro sigue siendo el que más me gusta de todo lo que he hecho en ese corredor.

Retrato con subexposición drástica y sombras creativas resaltando solo el perfil y la mirada

Lo que me llevo de estas tardes no es una fórmula de exposición ni un patrón de luz con nombre bonito, es que dejar de perseguir cada sombra para taparla es lo que le da carácter a un retrato. Si estás empezando con lo que tengas a mano, prueba esto un sábado cualquiera: elige a alguien que ya conozcas, quítate la idea de que todo tiene que verse parejo, y deja que una parte de la cara se queda a oscuras a propósito. Ahí, en lo que se queda a oscuras, es donde un retrato deja de ser una foto más.

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