
Tres centímetros. Esa fue la distancia entre el lente y una hoja de areca la tarde en que entendí por qué mis retratos se veían planos aunque el fondo ya estuviera bien desenfocado. Llevo poco más de un año metida en esto del retrato, sábado por sábado, entre el trabajo de community manager de una pyme artesanal en Barrio Abajo y las sesiones improvisadas con quien se deje sentar frente a mi Canon, y esa distancia de nada resultó ser la clave de toda la composición fotográfica que había estado buscando: la profundidad de campo no es solo cuestión de fondo borroso, también depende de qué le pones al lente por delante, y ahí es donde entra la técnica de bokeh que casi nadie usa hacia adelante.
Yessica Molina, lectora que escribe con la ortografía perfecta pero casi sin un solo signo de puntuación, todo corrido, directo al grano, me preguntó hace poco por qué sus fotos se ven "de catálogo" aunque ya tenga el modo retrato bien puesto en el celular. Le conté lo que hacía yo antes: dejaba la Canon en automático confiando en que la cámara sola iba a resolver el encuadre, y lo único que lograba era una persona nítida pegada a un fondo sin aire. No funcionó nunca. El problema no estaba en el fondo, estaba en todo lo que yo dejaba vacío entre el lente y la cara de quien estaba retratando.
Un fondo borroso no es suficiente para la profundidad del retrato
El error no es exclusivo de Yessica. Meses atrás yo hacía lo mismo: enfocaba nítido a la persona, dejaba el fondo con bastante desenfoque, y aun así la foto se sentía de cartón. Faltaba la otra mitad de la ecuación: algo cerca del lente que obligara al ojo a atravesar una capa antes de llegar a la cara. La profundidad de campo funciona en las dos direcciones, no solo hacia atrás, y el bokeh que tanto perseguimos los que empezamos también se puede poner a trabajar por delante del sujeto.
Lo compruebo cada vez que reviso el material en la computadora, ya de noche, con el ISO todavía marcado en 400 en el visor: si el elemento de adelante quedó bien puesto, la piel de la persona se ve suave como la seda en el RAW, no aplastada contra la pared. Esa separación entre planos —lo que en composición se llama trabajar por capas— es lo que le da peso a un retrato que de otro modo se queda en foto bonita nada más.

Pon algo entre tu lente y la persona: así funciona el bokeh hacia adelante
Con el diafragma bien abierto, en f/1.8, cualquier cosa que pongas a pocos centímetros del lente pierde toda definición y se convierte en una mancha de color que enmarca la escena. Uso un lente fijo de 50mm porque es sencillo y barato, y esa apertura me permite jugar con la luz hasta cuando el sol ya casi se fue — el por qué el 50mm le funciona tan bien a alguien que recién empieza da para su propia explicación, pero en corto: es el que mejor imita cómo ve el ojo, sin exagerar ni achatar la cara.
Los tutoriales casi siempre dicen que ese elemento de adelante debe quedar tan desenfocado que ni se note qué es. A mí me gusta desobedecer un poco esa regla — cierro apenas el diafragma y dejo que se note la textura del encaje de una cortina vieja, o el filo oxidado de algo que ya estaba ahí, para que se sienta la barrera física de verdad. Eso obliga a quien mira la foto a hacer un esfuerzo consciente por atravesar el obstáculo antes de llegar a la cara, y ahí la composición deja de ser un encuadre bonito para volverse una invitación.

Objetos que sirven sin comprar nada nuevo
No hace falta comprar accesorios para experimentar con esto. Una hoja, una rama baja o una flor cerca del lente crea manchas de color orgánicas que suavizan los bordes del encuadre sin robarle protagonismo a la persona. El marco de una puerta, el respaldo de una silla o el borde de una ventana también funcionan — encajonan la mirada y de paso cuentan dónde estás parada. Un sábado que salí a caminar por el Parque Las Flores probé lo mismo con las ramas bajas de un árbol y con el filo de una banca, y funcionó igual de bien: la clave nunca fue la planta en sí, fue la distancia al lente.
También sirve un objeto cotidiano cualquiera — probé una vez con el borde de una taza sobre la mesa y el asa desenfocada terminó guiando la vista justo hacia las manos de la persona. Eso sí, si vas a poner algo de color muy saturado cerca del lente, piensa también en la ropa que lleva puesta la persona, porque el color de la prenda contra el tono de piel es otro tema que merece su propio espacio.

Preguntas rápidas que me hacen sobre esta técnica
Además de Yessica, otras lectoras me escriben con variaciones de la misma duda, y respondo rápido porque cada una da para su propio post. Si el problema es que no sabes leer por dónde entra la luz natural antes de decidir dónde poner el elemento de adelante, ese es un tema aparte que ya tengo escrito. Si la persona que vas a retratar nunca ha posado y se pone rígida en cuanto ve la cámara, dirigir a alguien que no es modelo para que se relaje mientras tú peleas con una hoja delante del lente también tiene su propia guía, y ahí me sirven mucho mis trucos para capturar gestos espontáneos en retratos caseros sin posar, porque mientras estoy ajustando el elemento de adelante la persona se olvida de que la estoy fotografiando.
Sobre la cámara: la mía es una Canon que compré usada, y elegir bien una cámara usada tiene sus propios criterios que no caben en este texto. Si tu corredor o balcón cambia de luz cada rato y no sabes por qué las fotos ahí te salen mal, ese error de luz específico de espacios angostos también lo desarrollé aparte. Y si apenas estás empezando y quieres saber qué tanto se puede avanzar metiéndole ganas nada más los fines de semana, ya escribí sobre esa curva completa.
No voy a entrar aquí en cómo se combinan ISO, velocidad y apertura, porque ese triángulo de exposición ya lo expliqué con calma en otro lado, y tampoco voy a comparar esquemas de luz tipo Rembrandt o mariposa lateral, porque el primer plano funciona igual de bien con cualquiera de esos dos. Cuando el sol de la tarde pega directo y las sombras se ponen muy duras, a veces el mismo elemento de adelante actúa casi como un reflector improvisado —aunque para eso prefiero cómo lograr un efecto de contraluz en retratos con luz natural suave antes que forzar nada—. En edición retoco lo mínimo posible, sin inventar nada que no estuviera ahí, y ese retoque comedido para que la foto siga viéndose natural también tiene su propio texto. Y el balance de blancos afuera, que cambia bastante el tono de piel según la hora del día, es otro tema que dejo para después.
La distancia importa más que el objeto que elijas
Aprendí a punta de ensayo que la distancia entre tres puntos —el lente, el objeto de adelante y la persona— es lo que de verdad decide si la foto tiene capas o no. Si el objeto está muy cerca de la persona, los dos salen nítidos y el efecto desaparece. El truco es que el objeto quede casi pegado al lente y la persona se quede bien atrás, a una distancia prudente. Con un 50mm eso obliga a echarse hacia atrás bastante, casi salirse del cuadro donde estés parada.
Bisney Herrera, que trabaja conmigo respondiendo mensajes toda la mañana, vio una de estas fotos en mi celular un viernes y opinó del fondo sin que se lo pidiera —siempre hace eso— pero esta vez tenía razón: dijo que el elemento de adelante quedaba demasiado nítido y competía con la cara. Cerré un poco más el diafragma para el siguiente intento y funcionó.

Lo que reviso antes de disparar
Antes de disparar reviso tres cosas: qué tan cerca está el objeto del lente, si tapa una parte importante de la cara —el otro ojo o la boca, por ejemplo— y si el color de lo que está de adelante compite con la persona o la acompaña. El calor de un sábado de estos no perdona, la humedad se pega al brazo con el que sostienes la cámara, y aun así vale la pena moverse unos centímetros más para que el encuadre respire.

Si algo le digo a Yessica y a cualquiera que me escriba con la misma duda es esto: deja de limpiar tanto el encuadre. Busca la hoja, el marco de la puerta, el borde de lo que tengas cerca, y ponlo a trabajar a tu favor en vez de sacarlo de la foto. La próxima vez que agarres la cámara, no despejes tanto el lugar — mira qué tienes cerca del lente antes de mirar qué tienes lejos.