Semblara

Cómo fotografiar niños sin que se aburran durante la sesión de retrato

Un sobrino de siete años que solo quiere treparse a un portón oxidado cuando uno necesita diez segundos de quietud para la foto es un desafío que no tiene respuesta única. Fotografiar niños, de verdad fotografiarlos, no solo apuntarles la cámara y esperar un milagro, me ha costado más sábados fallidos que cualquier retrato con luz natural que haya intentado antes. Casi todos los consejos de retrato que leía hablaban de niños como si fueran adultos chiquitos, y el calor pegajoso de Barranquilla tampoco ayudaba: a esa hora el aire se sentía espeso, y cualquier instrucción que uno daba sonaba más a orden militar que a invitación a jugar.

El aburrimiento que le gana a cualquier pose

Ahí estaba yo, pidiéndole al niño que se quedara quieto junto al portón mientras la luz le caía de lado y le suavizaba la cara de una manera que ningún filtro logra. Pero la expresión del pelao era de un aburrimiento total. Cada vez que le repetía "quietico un segundito" me regalaba una mueca que parecía más dolor de muela que sonrisa. La regla de los tercios dice que hay que dividir la imagen en nueve partes iguales y encajar al sujeto en una intersección, y ahí lo tenía, perfecto según el manual, pero por dentro la foto estaba muerta. Dirigir a alguien que no es modelo, niño, tía, vecina que agarras de sorpresa, pide una paciencia que ningún tutorial genérico enseña bien, y ese sábado me faltaba toda.

A mitad de semana paré un módulo de Hotmart sobre cómo dirigir a niños frente a cámara para probar un truco que mencionaba sobre preguntarles por colores. A los dos días ya ni me acordaba del resto del módulo, pero esa pregunta se me quedó pegada y la usé ese sábado sin pensarlo demasiado.

Mano de un niño acercándose a una iguana en una pared de ladrillos, ejemplo de fotografía infantil con luz natural en una sesión de retrato

Pedir sonrisas forzadas no funciona con niños

Gritarle "¡sonríe!" o "¡mira el pajarito!" es lo peor que se puede hacer. La cara de un niño que no quiere reírse es mucho más honesta que una carcajada fingida a medio camino. Dejé de pedirle que mirara el lente. Me senté en el piso con la cámara en la falda y le pregunté por una flor del jardín, la misma pregunta de colores que había probado a mitad de semana: "¿esa de allá es más roja que la de ayer?". Hacia dónde mira un niño en ese segundo importa casi tanto como la luz, aunque ese tema da para su propio texto. Si alguna vez te ha tocado algo parecido, ya sabes que ordenar una sonrisa no funciona. Preguntar por algo que el niño ya está mirando sí, porque dispara en el momento en que se olvida de que uno está ahí "trabajando".

Dejar que el entorno entretenga

Antes de llegar a la casa de mi tía esa tarde pasamos por el Mercado de Bazurto a comprar lo de la semana, y fue ahí donde el niño empezó a desesperarse de tanto esperar entre canastillas y pescado en hielo. Nadie le pidió que posara. Simplemente caminó, señaló cosas, le preguntó a un vendedor de qué color era tal fruta, y yo disparé sin que se enterara. Para la quinta semana de intentar este truco con niños ya tenía clarísimo que el entorno hace la mitad del trabajo que antes creía que me tocaba a punta de instrucciones.

La tercera foto de esa tanda no fue del niño sino de mi tía, que nos acompañó esa tarde y en algún momento giró la cabeza sola para ver quién gritaba el precio del pescado. No lo hizo para la cámara, y yo tampoco lo pedí, pero quedó algo en su cara que todavía no sé nombrar bien. Es la misma razón por la que creo que cómo captar el brillo en los ojos usando luz natural en exteriores depende más de que la persona esté mirando algo que realmente le interesa que de dónde uno ponga la luz.

Niño sentado en piso de baldosas coloniales mirando hacia el jardín, consejo de retrato para fotografía infantil sin forzar la pose

El reflector que terminé botando

Esa tarde la Canon se puso mañosa. El botón del enfoque se atascó con la tierra que levantamos en el mercado, así que acabé usando la Sony que me prestó Leiner, un vecino que lleva tiempo metido en fotografía de calle y que ya me ha salvado más de una sesión cuando mi cámara decide fallar. Unas semanas atrás había comprado un reflector de esos plásticos y baratos pensando que me iba a facilitar la luz en el patio, y la primera vez que sopló viento de verdad se dobló como un acordeón y quedó inservible. Desde entonces ni me molesto en sacarlo, prefiero la cartulina blanca que le robé a mi primo hace rato. El tema completo de rebotar luz con un reflector da para otro texto aparte; aquí solo cuento por qué el mío terminó en una esquina del patio criando polvo.

Pantalla de cámara digital mostrando el enfoque en el ojo de un niño, consejo clave de retrato para fotografía infantil con luz natural

Esperar el momento en lugar de posar

Leer bien la luz natural ayuda un montón, pero ni la luz perfecta salva una pose que el niño no quiere dar. Eso lo tengo comprobadísimo después de tantos sábados perdidos. Cuando el niño se trepó solo a ese portón que suelta escamas de óxido apenas uno lo toca, con el pelo alborotado por la brisa y la ropa ya manchada de tierra del mercado, ahí sí hubo algo real que contar, mucho más que cualquier fondo de estudio gris. Por eso cuando reviso cómo captar texturas y detalles en retratos usando luz natural lateral pienso en lo bien que le sienta esa luz de lado a la piel de un niño, aunque esté sucio hasta las orejas.

Dejar que el entorno se meta en la foto cuenta una historia distinta a la de un niño parado contra una pared en blanco. Si se ensucia la ropa, que se ensucie. Si se trepa donde no debía, mejor, porque ese es justo el gesto que luego, meses después, te recuerda cómo fue ese sábado de verdad. Algo parecido pasa cuando miro cómo integrar la arquitectura del barrio en tus retratos urbanos y entiendo que un niño sentado en un escalón descascarado dice mucho más que un telón gris de estudio.

Vaso de agua de panela con hielo en una ventana durante la última luz de la tarde, pausa típica de una sesión de fotografía infantil

Guardar la foto que no planeé

Al final de la tarde, con el sol ya bajo y mi tía cerrando la llave del agua, me senté con un vaso de agua de panela a revisar lo que había quedado. La foto que me gustó de verdad no fue la de la pose correcta de las manos, que por cierto siempre se me hace cuesta arriba, por eso ando leyendo consejos para posar las manos en retratos y evitar poses forzadas, sino la del niño riéndose de verdad porque la iguana se le escapó por el techo del corredor.

Silueta de un niño corriendo por un corredor iluminado por el sol, momento espontáneo de una sesión de retrato con luz natural

Le conté esto por mensaje a Yosmany, un contacto que hice en un grupo de Facebook sobre retrato y que vive en Montería. Siempre me manda capturas de su histograma como si fueran la prueba de que algo salió bien, y esa noche no fue la excepción. Le dije que mi mejor foto del día no tenía ningún dato que mostrar, solo un niño que se olvidó de la cámara por tres segundos. Esa es la lección que me llevo de esta tanda, y si te ha tocado algo parecido con el tuyo: no se trata de que el niño se divierta para la foto, sino de que tú te diviertas con él y dejes que la cámara simplemente esté ahí, registrando, sin presionar nada.

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