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Cómo elegir mejores tarjetas de memoria para cámaras réflex de segunda mano

Bastan cuatro fotos seguidas en RAW para saber si una tarjeta de memoria le sirve a una réflex de segunda mano o no; esa fue la cuenta exacta que hice la tarde en que el letrero "Busy" se quedó pegado en la pantalla de mi Canon mientras mi tía perdía la pose por espantar un mosquito, con el calor pegajoso de Barranquilla entrando por el corredor y el ventilador moviendo el aire de un lado a otro sin enfriar nada, la clase de cosa que toda principiante con una réflex de segunda mano debería aprender antes de gastar plata en la tarjeta equivocada.

La pantalla se quedó negra con una lucecita roja parpadeando, y no era la cámara la que fallaba: era la tarjeta genérica que había llegado con el equipo cuando mi primo me lo vendió, una de esas sin marca que no aguanta el trote de tres fotos seguidas en RAW.

Pantalla de una cámara réflex de segunda mano mostrando el aviso Busy por una tarjeta SD lenta

Fue una pregunta de Yosmany Flórez la que me hizo investigar en serio qué significaban esos símbolos. Lo conocí en un grupo de Facebook sobre retrato en Colombia — vive en Montería, nunca nos hemos visto en persona, y de vez en cuando me escribe para comparar notas de luz de corredor. Me preguntó por qué se le trababa la cámara a media ráfaga y no supe qué contestarle sin buscar primero.

El mito de la capacidad frente a la velocidad

Como principiante en esto de las réflex usadas, pensaba que una tarjeta era mejor que otra solo por los gigas que le cabían — como community manager ando pendiente del espacio para los videos del trabajo, así que agarré la más grande que tenía en el cajón. Fue un error: en una cámara con sus años, el tamaño no es lo que evita el bloqueo, sino qué tan rápido el cuerpo logra sacar la información hacia la tarjeta.

Qué revisar al comprar una réflex de segunda mano es otro cuento que ya conté aparte — aquí el problema no es el cuerpo de la cámara, sino lo que le metes adentro. Si la tarjeta escribe despacio, el búfer de la cámara se llena de inmediato, como tratar de vaciar una piscina con un pitillo: por rápida que sea la cámara capturando luz, si el pitillo es angosto, el letrero de ocupado te va a salir justo cuando el retrato se pone bueno.

No es la primera vez que lo barato me sale caro: antes fue un reflector de plástico que se doblaba apenas soplaba viento en el patio, y esa tarde fue la tarjeta sin marca que no aguantaba tres disparos seguidos en RAW.

¿Qué significan los símbolos de una tarjeta SD?

Hay tres símbolos que vale la pena aprender a leer antes de comprar, sobre todo si la cámara ya tiene sus años. El primero es la clase: un número dentro de un círculo. Busca siempre el 10 — la Clase 10 asegura unos 10MB/s de escritura sostenida, que es el mínimo para que una réflex no se quede pensando cada vez que guarda un archivo pesado.

Dos tarjetas SD de una cámara réflex comparando los símbolos de velocidad Clase 4 y Clase 10

Luego está la letra U con un número adentro. Ahora busco siempre las que traen un 3 — el estándar U3 garantiza mínimo 30MB/s, y eso fue lo que de verdad le quitó la espera a mis sábados de fotos: la cámara ya no se detiene a "respirar" después de cada clic. Para lograr retratos nítidos sin cortes, sobre todo siguiendo trucos prácticos para lograr fotos de retrato nítidas con cámaras viejas, primero hay que resolver la tarjeta; de nada sirve la técnica si la cámara se traba a media ráfaga.

Da lo mismo que ya sepas leer la luz natural de un corredor en plena tarde, que hayas aprendido a dirigir a alguien que jura que no sabe posar, que domines el modo manual para separar bien el fondo, que te sepas de memoria las reglas de composición, que hayas cambiado el zoom del kit por un 50mm, que distingas un esquema Rembrandt de uno lateral, que armaste un reflector casero que por fin funciona, o que ya conozcas los errores típicos de fotografiar en el corredor de la casa — si la tarjeta se traba a media ráfaga, pierdes el retrato de todas formas.

Esto tampoco tiene que ver con el triángulo de exposición — ISO, apertura y velocidad de obturador — que es una pelea aparte y me tomó lo suyo entender. Ni con comprar la tarjeta más rápida que exista: una de esas que promete 300MB/s es puro desperdicio en una réflex vieja, porque el procesador del cuerpo no tiene cómo aprovechar esa velocidad — es como echarle gasolina de avión a un bus, vas a pagar de más por algo que la cámara nunca va a usar. Con el símbolo V30 alcanza de sobra para retrato aficionado.

Las tarjetas SDHC no pasan de los 32GB

Hay un límite técnico que toca conocer antes de meterle a la cámara cualquier tarjeta grande: las SDHC llegan hasta 32GB, y muchas réflex viejas fueron diseñadas solo para leer ese estándar. Si le metes una SDXC — el formato que arranca en 64GB — la cámara puede no reconocerla, o peor, darte fallas a mitad de sesión.

Eso me pasó con una tarjeta de 128GB que me prestó Leiner, un vecino que anda fotografiando la calle con su Sony desde hace un buen rato. La puse en la Canon y saltó "Card Error" — ese frío en la espalda de pensar que perdiste una tarde entera de fotos. Al final ninguna foto se dañó: la cámara simplemente no sabía leer una tarjeta tan grande.

Pila de tarjetas SDHC de 32GB, la opción segura para cámaras réflex de segunda mano

Cómo elijo y organizo mis tarjetas ahora

Prefiero cargar con dos tarjetas de 32GB Clase 10 antes que una sola de 64GB: si una falla a media sesión, la otra sigue funcionando y el retrato no se pierde. Cuando compro, el símbolo que busco primero es el V30 — es el punto medio entre precio y velocidad para una cámara usada. Y algo que aprendí a la fuerza: formateo siempre desde la cámara, nunca desde el computador, porque así el sistema de archivos queda a gusto con un procesador que ya no es tan joven. Algo que entendí hace tiempo, medio de rebote leyendo sobre cómo elegir un curso de fotografía de retrato online para mejorar, es que el equipo no tiene que ser el más caro, sino el que mejor se entienda contigo.

El salto de no entender nada de esto a no tenerle miedo al modo manual es un camino aparte y largo, pero esa tarde conmigo no tuvo que ver con talento ni con práctica acumulada: tuvo que ver con una tarjeta barata que no debía estar ahí.

En una tarde sin sobresaltos técnicos alcancé a guardar un retrato donde la sombra de la barbilla le caía justo sobre el cuello de mi tía, dándole volumen a toda la cara — de esas fotos que una revisa dos veces en la pantalla chiquita para creérsela. La luz de esas tardes es de las que te obligan a saber cómo capturar la esencia de personas mayores en retratos de familia para no desperdiciar el momento con una tarjeta que se traba.

Retrato logrado de una mujer mayor mostrado en la pantalla de una cámara réflex de segunda mano

Si vas a comprar tarjeta para una réflex de segunda mano, la lista corta es esta: Clase 10 o más rápida, símbolo U3, formato SDHC de 32GB si tu cámara es de las viejitas, y ya — no hace falta gastar en la más cara ni en la más grande. Con eso la cámara deja de "pensar" y una se puede concentrar en lo que de verdad importa: que la tía suelte los hombros y mire distinto justo cuando aprietas el botón.

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